Catequistas y Discípulos Misioneros de Cristo

Friday, Aug. 20, 2021
By Special to the Intermountain Catholic

Susan Northway

Traducción: Laura Vallejo

Como Cristianos recibimos dones especiales del espíritu Santo. En 1 Corintios 12, San Juan Pablo nos ayuda a entender que se nos dan una variedad de talentos para formar el cuerpo de Cristo. A través de la oración y de la comunidad, algunos cristianos descubren que tienen el don de pasar la fe. Ellos son conocidos como catequistas. Un catequista se define como: “…  fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo.”

Los catequistas son maestros quienes presentan la doctrina de la Iglesia, pero hay más en su llamado vocacional. Ellos han descubierto el amor de Jesucristo y conocen a Jesús. Su relación con El se profundiza conforme van por los caminos de Jesucristo el Maestro. Además de enseñar, los catequistas son testigos de la fe.

Estos educadores religiosos comparten su camino de fe para que las personas lleguen a entender que nuestro Señor es un Dios de amor, misericordia y perdón. Para ser mejores en su vocación, ellos estudian la fe e indagan las Escrituras. La formación y el entrenamiento ayudan a que los catequistas acompañen a las personas en los misterios de nuestras creencias. Ellos hablan de la gracia redentora de Cristo y acompañar a través de las alegrías y retos de la vida. Con corazones llenos de esperanza, los catequistas hacen eco de su fe en sus papeles como sacerdotes, profetas y reyes, además de llenar la promesa bautismal de ayudar a los demás reconociendo y acogiendo el amor de Cristo.

Recientemente escuche una homilía dedicada al papel del laico en la vida de la fe Cristiana. El sacerdote explicó que los laicos están llamados al servicio de manera particular como sacerdotes, profetas y reyes. Recordó a la congregación que nuestra vocación como Cristianos nos llega a través del poder del Espíritu Santo, quien nos llena de dones únicos durante el Bautismo y la Confirmación.

Siguiendo, el sacerdote afirmo que el Pueblo de Dios recibe el llamado a ser ‘discípulos misioneros’. Las palabras importan. A los Católicos que viven en Utah, la connotación ‘misioneros’ seguramente atrajo la atención de la congregación. Algunos pueden haber murmurado, ¿cómo es que los laicos pueden ser sacerdotes?, ¿qué quiere decir el padre?, ¿tengo el llamado a ser misionero?

El predicador ofreció una clara explicación. El sacerdocio de los fieles involucra la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo. Durante el Bautismo nosotros (o nuestros padrinos a nuestro nombre) prometemos compartir el mensaje del Evangelio. Cada uno estamos llamados a usar nuestros dones a diario, imitando a Cristo al vivir con humildad con esperanza y presentando no como ejemplos ante los demás. El Espíritu Santo está misteriosamente presente, sembrando y constantemente guiándonos, inspirándonos y empoderándonos.

Para subrayar su punto acerca de vivir la fe, el sacerdote recitó un familiar proverbio: “Siempre prediquen el Evangelio; cuando sea necesario usen palabras.” La vocación Cristiana requiere compartir el mensaje del Evangelio en nuestros hogares, en interacciones con los vecinos, en el mercado. Me imaginé a una mamá haciendo la señal de la cruz en la frente de su hijo y bendiciendo al mas pequeño mientras oran al irse a dormir. Pensé en maneras en las cuales acogemos los papeles del sacerdocio al brindar palabras de acogida o al cuidar a nuestros vecinos.

Durante esta Eucaristía, nos reunimos con un sacerdote ordenado quien habla ciertas palabras y realiza ciertos ritos sacros como nuestro pastor.

Juntos como Pueblo de Dios, nos estamos ofreciendo al servicio del Señor. En nuestra comunidad ese día, algunos fueron llamados a ofrecer sus talentos como lectores. Algunos mas se registraron como catequistas para el programa de educación religiosa, pero después de que recibimos la beneficio de la Eucaristía, todos salimos al mundo para amar y servir como discípulos misioneros.

Además del aspecto sacerdotal de nuestras vocaciones, continuó dicien-do el predicador, los laicos están llamados a ser profetas que hablan la verdad a los demás y que por la gracia están llamados a vivir la verdad en sus vidas. Las palabras estimulan la poderosa imágen y me pregunté acerca de las personas sentadas en las bancas, imaginándose el papel de los profetas. Cuando rodeados por una multitud buscando justicia, ¿qué pasaría si un profeta moderno repentinamente decidiera coger un micrófono y hablar la verdad ante un líder poderoso y corrupto, y ante algunos seguidores volátiles?. La imaginación Católica puede dar lugar a más preguntas: ¿El valor del profeta para hablar la verdad lo llevó a ser mártir?, el ser profeta significa que ¿tengo que hablar públicamente sobre temas controversiales?, ¿estoy usando mis dones proféticos cuando me enfrento a mi jefe acerca de una póliza injusta en la fábrica?

El martirio de un profeta puede ocurrir en nuestros tiempos. Pero después, recordando las escrituras hebreas del profeta Miqueas, pensé en su mensaje. Como fieles del Señor, debemos de actuar con justicia, amar con sensibilidad, y caminar con humildad con el Señor. Miqueas dio la Palabra de Dios que perfectamente presagio el ejemplo de Jesús grabado en el Evangelio. El Espíritu nos da valor, sabiduría y prudencia conforme compartimos la verdad, actuando como profetas en nuestros hogares, parroquias y lugares de trabajo.

Contemplando la homilía del padre, algunos feligreses pueden haber tenido el pensamiento acerca de cómo un Cristiano sirve de manera real. Jesús moldeó el liderazgo real cuando lavó los pies de sus discípulos, respondiendo con amor y bondad a los marginados de la sociedad y escogió palabras de paz en lugar de llevar a levantamientos violentos. Siguiendo a Cristo Rey, un líder debe de servir como dirigente compasivo quien brinda ejemplos de lo que el amor logra en diferentes circunstancias.

No todos reciben un llamado vocacional específico a ser catequistas para enseñar y acompañar, pero todos los bautizados están llamados a salir y construir el Reino a través de su testimonio diario en nuestros papeles como sacerdotes, profetas y reyes, Salí de la Misa agradeciendo al a homilía del padre y de repente pensando en el papel del sacerdote como catequista.

Susan Northway es la directora de la Oficina de Formación de Fe de la Diócesis  de  Salt Lake City.

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