El alto costo moral de nuestra inservible póliza migratoria nacional

Friday, Jul. 05, 2019
By Jean Hill
Director, Diocese of Salt Lake City Peace and Justice Commission

El otro día cené una comida vegetariana, tengo que admitir que esto no fue en solidaridad con los animales, sino más bien en un intento de comer saludable ante un menú lleno de cosas fritas. Así es que elegí de entre las comidas ‘saludables y poderosas’  del menú, y sí, me sentí por un momento poderosa.

Pero el orgullo siempre está delante de una caída. Conforme comía mis alimentos comencé a darle un vistazo a mi platillo. Aguacate, lechuga, tomates, chícharos….todos juntos y deliciosos, pero muy posiblemente cosechados por granjeros inmigrantes quienes puede o puede que no estén ganando algo justo. O por trabajadores inmigrantes quienes se enfrentan la deportación cada día mientras cosechan los deliciosos ingredientes de mi comida vegetariana. O por trabajadores cuyos sobrinos y sobrinas han sido negados de objetos básicos como el jabón y la pasta de dientes y quienes ahora mismo están durmiendo en un piso de concreto, bajo las luces brillantes que nunca se apagan.

No es solo mi comida la que es preparada por las personas a las que nuestro gobierno detiene bajo condiciones de ínfima calidad y que quiere poner distancia con muros. Fijase en todo el número de lujos simples por los que estamos rodeados, y usted encontrará a los inmigrantes con salarios injustos, a las víctimas del tráfico de humanos y a los niños explotados. Los bienes que compramos y que regateamos solo son gangas para nosotros.

Del lado de la producción, muchas de esas playeras y sandalias que usamos en el verano, los platos decorativos que usamos para las comidas en los jardines y la comida que servimos en nuestras carnes asadas llegan a nosotros con un increíble costo para quienes los producen.

Mientras caminamos por los pasillos haciendo nuestras compras, fácilmente podemos ignorar el aprieto en el que están los inmigrantes o las personas traficadas quienes hacen posibles nuestras reuniones en los jardines. Las etiquetas en las fresas que escogimos para la celebración del 4 de julio nos sugieren que estas fueron recogidas a mano por alguna persona a quien tan solo hace unas cuantas semanas se le dijo que no abriera la puerta de su casa previniendo que hubiese sido seleccionada como parte de las redadas planeadas por ICE.

Tampoco el precio del producto refleja que los inmigrantes que las cosecharon se enfrentan a si contestar o no el censo de los Estados Unidos, evitando asi el ser cuestionados por su estatus inmigratorio.

Mientras tanto nuestro gobierno federal sigue con su ahora fallido intento ya por décadas, de ofrecer una reforma migratoria comprensiva que asegure a los trabajadores necesitados quienes ponen la comida en nuestras mesas, el ser tratados justamente, con la dignidad y el respeto que todo ser humano merece.

En su lugar, corta la ayuda a países necesitados y adopta pólizas y practicas dirigidas a la destrucción de familias y a negar refugio y asilo.

Los Católicos de Utah, por mucho tiempo han alzado la voz apoyando la reforma migratoria comprensiva, pero se requiere de más. Cada uno de nosotros tenemos una voz la cual puede compartir nuestras creencias de que cada persona tiene el derecho a una vida digna. También debemos compartir nuestras creencias de que no tenemos el derecho a denigrar los derechos de los demás para así nosotros obtener más.

Los Católicos pueden y deben hablar en contra de la explotación de los trabajadores inmigrantes, mientras que nuestro gobierno trata aún más mal a los inmigrantes detenidos.

Nosotros quienes tenemos total libertad de acción y de palabra debemos insistirle a nuestros oficiales electos que adopten pólizas que representen un camino de moral, no una patada en el costado de quienes ya están muy lastimados.

Jean Hill es la directora de la Oficina de Vida, Justicia y Paz  de la diócesis Católica de Salt Lake City. Puede ser contactada en jean.hill@dioslc.org.

Traducido por: Laura Vallejo

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