Enseñanzas Católicas sobre el suicidio

Friday, Oct. 16, 2020
By Linda Petersen
Intermountain Catholic

Traducido por: Laura Vallejo

SALT LAKE CITY —  Muchos Católicos, que pierden a un ser querido por un suicidio, frecuentemente están confundidos acerca de la postura de la Iglesia acerca de lo que ha sucedido y sobre las enseñanzas acerca del alma de la persona.

Mientras que la Iglesia enseña que el suicido es un pecado grace, los líderes de la Iglesia hoy  en día entienden que, nadie más que Dios, puede saber la intención del corazón o el sufrimiento que llevó a una persona a tomar tal decisión como su última salida.

“El Catecismo nos informa que, aunque el suicidio es algo muy grave, la persona que lo comete puede no haber tenido el conocimiento total o el consentimiento total y por lo tanto no es totalmente responsable,” dijo el padre Ken Vialpando, Vicario Diocesano de Clero.

De acuerdo con el catecismo de la Iglesia Católica, “disturbios psicológicos graves, la angustia o un grave miedo, sufrimiento o tortura pueden disminuir la responsabilidad de que una persona cometa suicidio. No debemos perder la esperanza en la eterna salvación de la persona que han tomado su propia vida. Por medios solo conocidos por Él. Dios puede brindar la oportunidad del arrepentimiento salutatorio. La Iglesia ora por la persona que se ha quitado la vida,” (Catesismo  2282-2283).

“Cuando se trata de suicidio, resulta consuelo saber que aunque tal vez queremos juzgar a la persona que cometió el suicidio, Dios no juzga por apariencias ni por circunstancias; Dios juzga por lo que hay en el corazón de una persona ya que Él conoce sus alegrías y penas, sus sonrisas y sus lágrimas, sus esperanzas y sus miedos, y es por eso que Él puede poner la rayan en cuanto a  la culpabilidad de la persona,” dijo el padre Vialpando.

Durante varios siglos, la Iglesia enseñó que el suicidio estaba considerado como un grave pecado y que aquellos que lo cometían no podían recibir servicios funerarios en la Iglesia ni ser enterrados en terrenos Católicos.Sin embargo, con el entendimiento moderno de que las causas del suicidio pueden ser complejas y de que aquellos que se quitan la vida pueden haber sufrido de enfermedades mentales o de estrés emocional grave, el código Johanno-Pauline de 1983, sin embargo, no contiene tales restricciones (1983 cic 1184). Aún así, en la Iglesia de hoy en día la idea del suicidio es muy incómoda en las conversaciones por lo tanto es evitada.

Sin embargo, “nosotros como párrocos, siempre estamos llamados pro la Iglesia para permitir a quienes sufren por la pérdida de un ser querido o de alguien quien cometió suicidio, sepan que no está perdido. Que Jesús, El Buen Pastor, puede y dejará que las 99 ovejas vayan en búsqueda de esa oveja que necesita Su misericordia, Su compasión su perdón y Su amor,” dijo el padre Vialpando. “Jesús el Buen Pastor, puede y nos dará en don de la fe para saber que, aunque nuestros ser querido ‘se resbaló pro nuestras manos pro el suicidio, él o ella está ahora en las manos de Dios quien tiene el poder de llevar a esa oveja al reino de los cielos.”

En Utah, el suicidio es la causa primordial de muerte entre personas de 10-19 años de edad, en promedio 39 jóvenes en Utah deciden quitarse la vida cada ano. Un estudio del Departamento de Salud de Utah ha encontrado que las personas que asiste a servicios religiosos o actividades por lo menos una vez a la semana, tienen por lo menos la mitad de la probabilidad de considerar el suicidio.

El padre Vialpando dijo que los padres de familia, párrocos y líderes, “tiene  la responsabilidad de imponerse ante todos nuestros jóvenes y jóvenes adultos, bien sean suicidas o por que ya ellos está hecho a imagen de Dios; ellos tiene al Espíritu de Dios en ellos; Dios tiene un plan y un propósito para sus vidas; y un Dios que siempre esta allí para arrogarles un salvavidas como lo proclama en Jeremías  29:11-12: ‘Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza, palabra de Yavé. Cuando me invoquen y vengan a suplicarme, yo los escucharé.’

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