Las Hnas. De la Santa Cruz realizan ministerio con los niņos albergados en la frontera de México/Estados Unidos

Friday, May. 14, 2021
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By Special to the Intermountain Catholic

Traducción: Laura Vallejo

SAN ANTONIO, TEXAS –Las Hnas. de la Santa Cruz , Esther Adjoa Entsiwah, Mary Ann Pajakowski y Suzanne Brennan viajaron a San Antonio, Texas, del 18-23 de abril, para realizar ministerio con los niños inmigrantes separados de sus familias y que viven en los albergues de la frontera de México/ Estados Unidos. La Hna. Mary Ann es la directora de educación de los Ministerios de la Santa Cruz en Utah y la Hna. Suzanne es la anterior directora ejecutiva. Ellas se unieron a los esfuerzos de alcance de Catholic Charities de San Antonio en el sitio del albergue del Coliseo Freeman. Más adelante la Hna. Mary Ann y la Hna. Esther comparten sus encuentros en el sitio, así como sus experiencias con los adolescentes que conocieron.

La Hna. Esther y la Hna. Suzanne fuimos por una semana a San Antonio para apoyar a las Catholic Charities de San Antonio con los menores sin compañía- adolescentes de ene 13 y 17 años de edad. Cuando llegamos fuimos al sitio ubicado en el Coliseo Freeman, en donde nos hicieron la prueba del COOVID y recibimos placas para el acceso a la facilidad y a una orientación, para que al siguiente día pudiéramos comenzar nuestro ministerio.

Cuando le dimos el primer vistazo a la facilidad, nos sorprendió su tamaño- imagínense 900 catres, separados a un pie de distancia, en las cápsulas marcadas con cinta azul en el piso. Cada pod con cerca de 25 niños. El centro Freeman sirve como hogar para eventos de rodeo y de ganado. Así es que se pueden imaginar los tamaños de los cuartos, aunque resulta difícil compararlo con algo. La siguiente mañana nos registramos en las Catholic Charities de San Antonio, para después ser escaneadas en el centro y ser asignadas a nuestras cápsulas para pasar el día con los adolescentes y sus horarios- formadas para las regaderas, para las pruebas de COVID-19, comidas, recreación al aire libre, botanas, educación (inglés básico) y para otras actividades programadas en el día.

Aprendiendo y conectando

Los adolescentes, transportados al Centro Freeman desde los lugares en donde los recogen en la frontera, parecen ser la ,mayoría de países de Centro América. Es difícil determinarlo pues se nos pidió no preguntarles información personal. Algunos, conforme transcurría el día, compartieron algunas cosas en conversaciones, tutorías, u oración, en los lenguajes que hablaban, o que sus mamás Vivian en los Estados Unidos, o que querían estudiar mecánica, cosas así pequeñas. Muchos eran bilingües en español y k’iche’- lengua Maya de Guatemala.

El grupo con el que estuve toda la semana- un total de 23- parecían tener entre 15 y 17 años de edad. Realmente buenos chicos- bien educados, con buenos modales, simpáticos y dulces. Constantemente hacían filas para las regaderas, comidas, sanitarios, botanas, actividades al aire libre, clases de inglés, pruebas COVID-19, llamadas telefónicas- y siempre uno de ellos detenía la puerta, se ofrecía a traer sillas o ayudar a levantarse del piso. No había mesas para escribir o para jugar, así es que nos sentamos en el piso, bien fuera en los estrechos paisillos o entre los catres o las cápsulas.

Sacos para dormir estaban debajo de los catres, y las sabanas, colchas y almohadas sobre ellos. Así es que los chicos querías leer, tutorías, jugar UNO y otros juegos, hacer arte, o rezar, bien sea parados por los pasillos, sentados en sus catres o entados en el piso de concreto en los pasillos de cinco pies entre las cápsulas. Había una silla plegable en el pasillo para el personal a cargo de las cápsulas. Así es que la mayor parte del tiempo nos sentamos en el piso- y cuando estábamos por concluir la actividad, siempre me ayudaban a levantarme del piso llenos de risas. Ellos son niños buenos con los que uno se puede reír- y que por supuesto no hablaban inglés y yo con mi español malo. Pero todo funcionó  - mucha comunicación tipo mímicas, encontrando la ayuda de hispano parlantes pata cosas complicadas, y en el proceso, trabajando con frases en inglés. ¿Podemos ir al baño? Quiero jugar, pero ahora no puedo. No tengo ropa limpia. No tengo calcetines, ¿Para qué sirve el inglés? ‘estás haciendo trampa, escondes las cartas del UNO.

Las Catholic Charities de San Antonio ayudan a que los voluntarios aprendan cosas como el cómo reforzar el inglés, como pasar el tiempo haciendo cosas productivas, y como ser una presencia e bienvenida, de reafirmación para los niños que están lejos de sus hogares en situaciones estresantes- viviendo en un espacio con otras 900 personas.

Enfrentando retos con fe y esperanza

El apoyo para desastres de los Estados Unidos manejaba todos los servicios- costos, personal, comidas, ropa (toda o blanca, negra o gris – con mucho cuidado de no usas colores relacionados con pandillas- hasta el grado de no usar colores de ese estilo para marcar las cajas), manejo de casos, transporte, recursos de salud público para medicaid y pruebas de COVID-19 y cuidados. Todos, los adolescentes, personal, voluntarios, nosotros, teníamos que hacer nos la prueba de COVID cada 3 días.

Las Catholic Charities de San Antonio ayudaron a que los voluntarios aprendieran cosas como el cómo reforzar el inglés, como pasar el tiempo en cosas productivas, y como ser una presencia de bienvenida, amistosa y de reafirmación para los niños que están lejanos de sus hogares y en situaciones estresantes- viviendo en un espacio junto a 900 personas. Conforme pasamos más tiempo con los niños y pude descubrir sus personalidades, la realidad de su situación se volvió más clara- ellos habían dejado a sus familias, y para salir de El Salvador, de Guatemala o de Honduras necesitaron pasar por México y fueron objetos de posibles asaltos, extorsiones, amenazas, dificultades físicas, abandono, hambre – y todo eso a los 15 años de edad. Aun así, la naturaleza temporal del centro Freeman les decía que iban a irse a otro lugar en los Estados Unidos- a un ‘patrocinador’ quien podría ser su primo, su tía o su mamá! Y tenían esa esperanza – estarían de camino hacia un hogar en los Estados Unidos. Así es que estábamos con ellos en ese pequeño espacio de espera, y en el que podían ser un adolescente de 15-16 años.

Ellos tenían mucha fe. Les gustaba rezar. Rezamos por ellos y siempre por sus familias y por los demás chicos que allí estaban. A ellos les gustaba rezar. Cuando iban al almuerzo sentados a tres pies de distancia, todos mirando al mismo lado por el COVID, ellos bajaban su almuerzo, unían sus manos, cerraban sus ojos y rezaban- no solo un rápido ‘ bendícenos o Señor’ sino un buen minuto o dos de silencio en paz. Estaba en ellos el estar con Dios. Así es que el llevarles  un Rosario si estaban en círculos o en su catres era muy bien recibido- realmente lo apreciaban.

Necesidad de confort y de descubrimiento

Varios de los chicos en mi cápsula llegaron de una sesión sobre números y querían aprender más, así es que durante dos días contamos hasta el 100, y nosotros las Hnas. Fuimos a una tienda ‘Dollar’ para comprar tarjetas de matemáticas. Le dijimos a los representantes de Catholic Charities que los chicos tenían interés en los números y las matemáticas y que pusieran las tarjetas en sus listas de deseos de Amazon. Mientras tanto hicimos hijas para practicar y varias veces contamos hasta 100 o hasta 200 practicando la pronunciación, especialmente con los adolescentes, y 20, 30, 40 y así- practicando todas las pronunciaciones y con el reto y dificultad que el usar mascarillas pone al ocultar tu boca, tus labios y tu lengua.

La otra cosa que se volvió muy evidente fue la falta de contacto que tiene con la naturaleza. Ellos estaban afuera tal vez una vez al día para su educación física, o para caminatas hacia las regaderas- pero esa era todo. No había ventanas en el centro de convenciones, no hay árboles, pasto, pajaritos. Así es que compramos flores y las pusimos en la mesa de oración. Al principio se quedaron en vasos de papel, pero al día siguiente uno de los miembros del staff compro un hermoso florero colocándolas en el- un poco de belleza para compartir en la mesa con la Virgen, y con los mucho tulipanes y violetas de origami y notas con intenciones y oraciones.

Cuando llegamos allí, el personal nos dijo que a los chicos les encantaba el color – aun en los libros que eran para niños pequeños. Suzanne tuvo a un chico que al ver por el libro eligió una página con un elefante, y en segundos lo dibujo con gran destreza- no necesito del paso a paso. Vimos brillos de sus talentos, de su inteligencia, de sus observaciones, niños de rápido aprendizaje y chicos que batallaban con la comprensión, con el lenguaje, las matemáticas y quienes estaban buscando siempre la acción – y nuestra experiencia en la educación nos ayudó mucho. Mis 24 años de enseñanza en las preparatorias me hicieron sentir como en casa. Uno de los chicos nos ganó en un juego llamado Spot. La idea del mismo es juntar imágenes- a veces de diferentes tamaños, en sets de dos o tres tarjetas al mismo tiempo. Fue instantáneamente. Otro chico uso sus dedos para encontrarlas- lo que hacía que los demás o pudiésemos verlas, pero ¡Oh well!.

Encontrando bondad en las relaciones

Hay muchas imagines e impresiones de esa semana- por un buen rato estaré con ellos tratando de procesarlos. En general, puedo decir que todas están sobre la bondad de las personas y la decencia que encontramos en ellas. Los momentos para mí son como sacramentos, y es por eso que me gustaría tenerlos por un buen rato. Uno fue el domingo cuando recién llegábamos cuando vimos por primera vez esos 900 catres- números que causan shock. Conforme entrabamos, escuchamos gritos, aplausos y chiflidos, los cuales comenzaron al final de un cuarto e iban como olas a través del espacio; uno de los chicos partía. El gerente de caso había llegado, lo encontró en su cápsula y llevándole su saco para dormir anuncio que se iba a su hogar en los Estados Unidos. La alegría y amor de los 900 chicos en la facilidad fue instantánea al ver que uno de los suyos se iba – todos estaban felices por él. Y eso también les daba esperanza, de que un día ellos también.

Y en cuanto a las disputas políticas sin sentido que frecuentemente experimentamos alrededor de la inmigración en los Estados Unidos, estoy contenta por el haber tenido la oportunidad de estar orgulloso por una póliza gubernamental que establece albergues de emergencia, a veces en dos o tres días, ya que se trata de niños. Esa es la razón – son niños.

 La compasión y decencia básica que tenemos como personas para mantenerlos en albergues, seguros, alimentados, limpios – eso es lo que hicimos. Ellos van a estar bien, y nosotros vamos a estar bien. Y el cuidado que se está teniendo – aunque se tarda un poco el saber la persona con la que se irán y el proceso no es tan rápido como se quisiese que fuera (se esperaba que movieran 100 niños por día)- significa que sabemos a donde irán, en donde esta su hogar, como llegarán a este y con quien estarán. En unos meses o tal vez años, no vamos a descubrir que hay 430 y tantos niños que tenemos en ‘detención’ y que no sabemos en donde están sus papas o familias.

Aceptado la humanidad, freciendo apoyo

Habiendo tenido el privilegio de acompañar a los chicos, a las Catholic Charities y a todas las demás personas y agencias quienes ayudan a los adolescentes, identificando maneras de apoyarlos y quererlos, compartirlo es muy importante. Las necesidades de Catholic Charities de San Antonio   se encuentran en su sitio en línea. La mayor necesidad son las donaciones en efectivo. Ellos usan este dinero para adquirir cosas que hagan buenos los días, estimulando, divirtiendo y encontrando momentos especiales. Una persona del personal nos dijo que cuando un chico cumple 18 años, lo sacan de su cápsula y lo llevan a un catre en una de las paredes. Entonces a la media noche, e hacen los arreglos para que el salga con el personal para ir a comer una hamburguesa o pizza por su cumpleaños y ara un sitio en donde pasar la noche, y al siguiente día parte a su hogar en los Estados Unidos.

Nos hizo pensar en los demás chicos que cumplen años estando allí- es tu cumpleaños, no estás en tu hogar, nadie sabe que es tu cumpleaños- es muy triste- así es que los esfuerzos de Catholic Charities para hacer un día especial son muy bellos. Catholic Charities también brinda los voluntarios para trabajar en el COVID Hill, la tienda de campaña que alberga a los chicos en cuarentena. No publicitan la necesidad de voluntarios para este servicio, la gente simplemente quiere ser voluntario. Un chico quien recibió una prueba rápida y que registro positivo, pero no tenía síntomas, fue inmediatamente puesto en cuarentena en un área separada hasta que pudiesen verificar la información. Detrás de las cortinas uno lo podía escuchar llorando, con miedo por las noticias. Una vez más son solo niños y tiene miedo. Charities es sensible a estas vulnerabilidades.

Conocimos a varias religiosas quien respondieron al llamado de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas – dos Hnas. Maryknoll, una Hna. Adrian Dominican, una Hna. Little Sister of Jesus, una Han. Missionary of the Sacred Heart – algunas en ministerios o retiradas, o en sabático. Ellas se albergaban en hoteles con descuentos o con familiares, y tenían estadías planeadas. Nosotros rentamos un coche y una casa cercana, así las comidas eran más fáciles para nosotras. Los voluntarios de Catholic Charities de San Antonio deben de registrarse y cursar un entrenamiento de Ambiente Seguro, y cada tres días pasan por pruebas COVID-19. Hay una tarjeta de seguridad y una más para rastrear las horas de los voluntarios. Es así que un se registra cinco veces para entrar y cuatro más para salir. A finales de mayo se espera que la facilidad Freeman se cierre. Existen pláticas para utilizar la Base Aérea Lackland en San Antonio, pero no hay planes inmediatos para lo mismo.

 — Hna. Mary Ann Pajakowski, CSC

Antes de iniciar el viaje a  San Antonio, tuvimos que obtener una certificación que incluye el entrenamiento de Ambiente Seguro, el cual se realiza de manera virtual. Las tres partes del entrenamiento cubren entrenamiento para prevención de acoso sexual, la protección de los Hijos de Dios, y el entrenamiento de adultos vulnerables.

Yo fuí asignada a la capsula 16ª la cual estaba conformada por 24 niños cuyas edades iban de 13, 14 y 15 años de edad. Un chico hablaba inglés básico muy bien, los demás sabían unas cuantas palabras. Esto no limitó mis interacciones, conforme gradualmente fuí haciendo nuestro propio idioma de señas. Solo estar presentes con ellos, participando en algunos de sus juegos y actividades y guiándolos a los lugares que necesitan, me hizo muy feliz. Saber español habría sido una gran diferencia, pero el contar con un líder de grupo que era bilingüe ayudó mucho.

Una mañana, uno de los chicos se soltó llorando ya que sentía que había pasado mucho tiempo allí y se preguntaba si el proceso de sus documentos se había detenido. La tristeza y el miedo en sus ojos me llegaron profundamente. Recé por él y por los demás mientras están en espera de una mejor vida en Los Estados Unidos. Creo que los chicos se sintieron cuidados y queridos mientras estuve con ellos.

El haber podio tener esta oportunidad, fue una experiencia satisfactoria. Las memorias de esta experiencia vivirán por siempre.

— Hna. Esther Adjoa Entsiwah, CSC

Este artículo originalmente fue publicado en el sitio en línea de las Hermanas de la Santa Cruz, https://www.cscsisters.org/sisters-at-border/. Esta siendo publicado con permiso.

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