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por Barbara Stinson Lee
Intermountain Catholic
SALT LAKE CITY La multitud de gente, con cuadernos y plumas en mano, que se reunió en el salón de reuniones de la Iglesia de San Ambrosio el 10 de enero fue mucho más grande de lo que Dee Rowland, Enlace Diocesano con el Gobierno, está acostumbrada a ver en sus presentaciones sobre las políticas de la Iglesia Católica en inmigración, migración, y refugiados, ella dijo. Recibió a cada persona con una sonrisa de bienvenida y los alentó a que hicieran preguntas.
«Las políticas completas y consistentes de la Iglesia Católica en inmigración, migración y refugiados me hacen sentir muy orgullosa de ser Católica», dijo Rowland. «Aunque la Iglesia Católica tiene mucho que decir acerca de como los inmigrantes, migrantes y refugiados deberían de ser tratados, siempre comienza con sugerencias para resolver los problemas económicos de los países que nos están enviando a sus ciudadanos».
La propia economía de los Estados Unidos, especialmente en estados agrícolas, depende del trabajo de inmigrantes y migrantes, «y Utah no hubiera podido llevar a cabo los Juegos Olímpicos del 2002 sin los inmigrantes», ella dijo.
Rowland les puso a los participantes una prueba sencilla para ver cuanto sabían de las políticas de inmigración de la iglesia, los mitos acerca de la inmigración, y las actitudes prevalentes acerca de inmigrantes, migrantes y refugiados. Algunas de las respuestas sorprendieron a los presentes, incluyendo una respuesta que clarifica que la inmigración ilegal es una ofensa civil en este país, no una ofensa criminal.
También una explicación de Rowland esclareció el hecho de que las leyes de inmigración de los Estados Unidos son relativamente recientes.
«Nuestras leyes de inmigración fueron establecidas mucho tiempo después de que nuestros abuelos inmigraron a este país», ella dijo. «Por lo que aquellas gentes que comparan las legalidades de las experiencias de inmigración de sus abuelos con las experiencias de los inmigrantes de hoy están comparando dos cosas diferentes».
La pieza central de la presentación de Rowland, una película titulada «Dying to Live; A Migrant’s Journey» («Muriendo para Vivir; La Travesía de un Migrante»), producida por el Centro para Cultura Latina de la Universidad de Notre Dame no es para el pusilánime. El documental sigue la ruta tomada por muchos inmigrantes y migrantes desde varios puntos en México y Centro y Sur América a lo largo de «The Devil’s Highway» («La Carretera del Demonio»), la ruta de calor abrasador a través del desierto entre México y California, Arizona y Texas donde las temperaturas a la sombra alcanzan los 115-120 grados.
La primera parte de la película, «The Face of the Migrant» («El Rostro del Migrante»), ilustra la terrible miseria en la cual muchas de las gentes que siguen la Carretera del Demonio son forzadas a vivir en sus países de origen. La película muestra con fuertes detalles los migrantes decidiendo arriesgar sus vidas por el futuro de sus hijos.
A menudo los Americanos ven a los inmigrantes y migrantes como individuos sin caras y nombres, o simplemente no los ven, señala la película. «Pero la necesidad los obliga. Dejan todo y a todos los que conocen porque han alcanzado un punto en sus vidas en el que se preguntan a sí mismos, ¿qué es lo que me queda?»
La película muestra a migrantes de varios países reuniendose por primera vez en la Casa del Migrante en Tijuana, México, el lugar donde muchos individuos comienzan sus terribles travesías a través del desierto. En la Casa del Migrante se les informa a los migrantes que la travesía es muy dificil, que solo los más fuertes sobreviven el desierto, y aquellos que sobreviven pueden ser agarrados por los agentes de inmigración de Immigration and Customs Enforcement (ICE) quienes los enviarán de regreso. Es en la Casa que la audiencia conoce a una pequeña de cuatro años quien, con sus padres, emprenderá el largo camino, «el descenso al infierno», por segunda vez.
«Dios me va a ayudar», dice la niña, su fe inquebrantable.
En «Push, Pull, and Politics» («Empuja, Jala y Políticas»), la película revela las razones por las cuales estas gentes deciden dejar sus hogares y viajar al norte buscando trabajo. La película habla del colapso de los mercados agrícolas en México, El Salvador, Guatemala, y otros países; la pérdida de trabajos a Asia; y un mundo de tecnología que muestra imágenes de una mejor vida en los Estados Unidos.
«Migración no es su primera elección», dice en la película un sacerdote Católico quien es un experto en inmigración. «Y desde el 11 de septiembre de 2001, hemos confundido a los inmigrantes con terroristas».
La peligrosa travesía a lo largo de La Carretera del Demonio revela muchas tumbas cavadas a toda prisa de migrantes que han tratado y han fallado. Cuerpos sin enterrar muestran escasos artículos de identificación, licencias de manejo, Biblias familiares, cartas de parientes y fotografías. Aquellos que continúan en el camino se enfrentan a patrullas de vigilantes, víboras y bandidos. La travesía es peligrosa.
Algunos deciden abordar los trenes hacia el norte, colgando de los lados de trenes que viajan a altas velocidades sin importar que tan cansados sus brazos y piernas estén. Algunos caen a sus muertes. Otros sobreviven las caídas, pero pierden extremidades a las ruedas del tren.
«Estamos viendo más y más niños haciendo la travesía», dijo un trabajador voluntario de la Casa del Migrante. «No están preparados. El desierto es implacable.»
A menudo los migrantes son abandonados por sus guías «los coyotes». La muerte es parte del panoroma.
Los migrantes hacen el viaje una y otra vez con la misma mezcla de esperanza y miedo. Se enfrentan a las frígidas noches del desierto y a los días de indescriptible calor. Deben de llevar con ellos el agua que toman, añadiendo más de 30 libras a sus sencillas cargas de pertenencias personales. Humane Borders (Fronteras Humanitarias), un grupo de voluntarios, ha estado colocando estaciones de agua en el desierto desde el 2000, «para eliminar la muerte de inmigración».
Para aquellos con suficiente suerte de sobrevivir, la travesía a la frontera les lleva hasta cuatro días. A menudo son recibidos por miembros de la patrulla fronteriza. Un agente de la patrulla fronteriza reveló que veen un promedio de 15 muertes al mes en La Carretera del Demonio. Un sacerdote quien sirve a los migrantes dijo, «el camino de los inmigrantes es el camino de la cruz».
Rowland dijo que nuestro gobierno debe cambiar las políticas de inmigracion y las cuotas para contrarrestar los efectos negativos del Tratado Norteamericano de Libre Comercio.
«Hay una solución», ella dijo. «Pero, existe el deseo de discutir estos problemas?»
Para mayor información sobre la posición de la Iglesia Católica y las declaraciones sobre inmigración, migración y refugiados, vayan a: www.justiceforimmigrants.org.
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Dee Rowland, enlace entre el Gobierno y la Diócesis de Salt Lake City, discute, en una presentación sobre inmigrantes el 10 de enero en la Iglesia de San Ambrosio, algunos de los mitos que rodean a los migrantes.
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