Una visión de conjunto de la encíclica del Papa Francisco Laudato si' sobre el cuidado de la casa común

Friday, Jun. 26, 2015
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CNS photo/courtesy U.S. Conference of Catholic Bishops

CIUDAD DEL VATICANO (NEWS.VA) — El texto que sigue brinda una visión general de las 191 páginas de la encíclica Laudato si’ y de sus puntos claves, así como un resumen de los seis capítulos (“Lo que está pasando a nuestra casa’’; El Evangelio de la creación;La raíz humana de la crisis ecológica; Una ecología integral; Algunas líneas orientativas y de acción; Educación y espiritualidad ecológica que la componen) y de sus apartados. La encíclica termina con una Oración interreligiosa por nuestra tierra y una Oración cristiana con la creación.
 
LÍNEAS GENERALES DE LA ENCICLICA LAUDATO SI’
“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?’’. Esta pregunta está en el centro de Laudato si’, la esperada Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. Y continúa: “Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario’’, y nos conduce a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida social: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?’’: “Si no nos planteamos estas preguntas de fondo” – dice el Pontífice – “no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes’’.
La Encíclica toma su nombre de la invocación de san Francisco, “Laudato si’, mi’ Signore’’, que en el Cántico de las creaturas que recuerda que la tierra, nuestra casa común, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. Nosotros mismos “somos tierra. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura’’.
Pero ahora esta tierra maltratada y saqueada clama y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo. El Papa Francisco nos invita a escucharlos, llamando a todos y cada uno – individuos, familias, colectivos locales, nacionales y comunidad internacional – a una “conversión ecológica’’, según expresión de San Juan Pablo II, es decir, a “cambiar de ruta’’, asumiendo la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta ante el “cuidado de la casa común’’. Al mismo tiempo, el papa Francisco reconoce que “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta’’, permitiendo una mirada de esperanza que atraviesa toda la Encíclica y envía a todos un mensaje claro y esperanzado: “La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común’’; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente’’; “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse “.
El Papa Francisco se dirige, claro está, a los fieles católicos, retomando las palabras de San Juan Pablo II: “los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe’’ , pero se propone “especialmente entrar en diálogo con todos sobre nuestra casa común’’: el diálogo aparece en todo el texto, y en el capítulo 5 se vuelve instrumento para afrontar y resolver los problemas. 
Desde el principio el papa Francisco recuerda que también “otras Iglesias y Comunidades cristianas – como también otras religiones– han desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión’’ sobre el tema de la ecología. Más aún, asume explícitamente su contribución a partir de la del “querido Patriarca Ecuménico Bartolomé’’.
 En varios momentos, además, el Pontífice agradece a los protagonistas de este esfuerzo – tanto individuos como asociaciones o instituciones – reconociendo que “la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales (ha) enriquecido el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones’’ e invita a todos a reconocer “la riqueza que las religiones pueden ofrecer para una ecología integral y para el desarrollo pleno del género humano’’.
A partir de la escucha de la situación a partir de los mejores conocimientos científicos disponibles hoy, recurre a la luz de la Biblia y la tradición judeo-cristiana , detectando las raíces del problema en la tecnocracia y el excesivo repliegue autorreferencial del ser humano. 
La propuesta de la Encíclica es la de una “ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales’’, inseparablemente vinculadas con la situación ambiental. 
En esta perspectiva, el Papa Francisco propone emprender un diálogo honesto a todos los niveles de la vida social, que facilite procesos de decisión transparentes. 
Y recuerda que ningún proyecto puede ser eficaz si no está animado por una conciencia formada y responsable, sugiriendo principios para crecer en esta dirección a nivel educativo, espiritual, eclesial, político y teológico.
 El texto termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en “un Dios creador omnipotente’’, y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo “Laudato si’’’, que abre y cierra la Encíclica.
El texto está atravesado por algunos ejes temáticos, vistos desde variadas perspectivas, que le dan una fuerte coherencia interna: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.’’ .

CAPÍTULO 1 – “LO QUE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA’’ 
(Calentamiento global y contaminación; Contaminación, basura y cultura del descarte; El clima como bien común; La cuestión del agua ;Pérdida de biodiversidad; Deterioro de la calidad de la vida humana y decadencia socia;Inequidad planetaria;La debilidad de las reacciones. Diversidad de opiniones)
El capítulo asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambienta como manera de escuchar el clamor de la creación, para “convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar’’. Se acometen así “varios aspectos de la actual crisis ecológica”.
EI cambio climático: “El calentamiento es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad’’. 
Si “El clima es un bien común, de todos y para todos’’, el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que “tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento’’: “La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil’’.
La cuestión del agua: El Papa afirma sin ambages que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.’’ Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles “el derecho a la vida, enraizado en su inalienable dignidad’’.
La pérdida de la biodiversidad. La deuda ecológica: en el marco de una ética de las relaciones internacionales, la Encíclica indica que existe ‘“una auténtica deuda ecológica’’, sobre todo del Norte en relación con el Sur del mundo. 
Conociendo las profundas divergencias que existen respecto a estas problemáticas, el Papa Francisco se muestra profundamente impresionado por la “debilidad de las reacciones’’ frente a los dramas de tantas personas y poblaciones. Aunque no faltan ejemplos positivos, señala “un cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad’’. 
Faltan una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo, a la vez que urge “crear un sistema normativo que (...) asegure la protección de los ecosistemas’’ .

CAPÍTULO SEGUNDO – EL EVANGELIO DE LA CREACIÓN 
(La luz que ofrece la fe; La sabiduría de los relatos bíblicos; El misterio del universo; El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado; Una comunión universal; El destino común de los bienes; La mirada de Jesús)
Para afrontar la problemática ilustrada en el capítulo anterior, el Papa Francisco relee los relatos de la Biblia, ofrece una visión general que proviene de la tradición judeo-cristiana y articula la “tremenda responsabilidad’’ del ser humano respecto a la creación, el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y el hecho de que “el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos’’.

CAPÍTULO TERCERO – LA RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA
 (La tecnología: creatividad y poder; La globalización del paradigma tecnológico; Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno; El relativismo práctico; La necesidad de preservar el trabajo; La innovación biológica a partir de la investigación)
Este capítulo presenta un análisis del a situación actual “para comprender no sólo los síntomas sino también las causas más profundas’’, en un diálogo con la filosofía y las ciencias humanas.
Un primer fundamento del capítulo son las reflexiones sobre la tecnología: se le reconoce con gratitud su contribución al mejoramiento de las condiciones de vida, aunque también “dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero’’. Son justamente las lógicas de dominio tecnocrático las que llevan a destruir la naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. “El paradigma tecnológico también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política’’, impidiendo reconocer que “el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social’’ .

CAPÍTULO CUARTO – UNA ECOLOGÍA INTEGRAL
 (Ecología ambiental, económica y social; La ecología cultural; La ecología humana y el espacio de la vida cotidiana; El principio del bien común; Una justicia intergeneracional bien entendida)
El núcleo de la propuesta de la Encíclica es una ecología integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que “incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea’’. De hecho no podemos “entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida..’’ Esto vale para todo lo que vivimos en distintos campos: en la economía y en la política, en las distintas culturas, en especial las más amenazadas, e incluso en todo momento de nuestra vida cotidiana.

CAPÍTULO QUINTO – 
ALGUNAS LÍNEAS ORIENTATIVAS Y DE ACCIÓN 
(El diálogo sobre el ambiente en la política internacional; El diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; Favorecer debates sinceros y honestos; Política y economía en diálogo para la plenitud humana; Las religiones en el diálogo con las ciencias)
Este capítulo afronta la pregunta sobre qué podemos y debemos hacer. Los análisis no bastan: se requieren propuestas “de diálogo y de acción que involucren a cada uno de nosotros y a la política internacional’’ y “que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo’’. 
Para el Papa Francisco es imprescindible que la construcción de caminos concretos no se afronte de manera ideológica, superficial o reduccionista. 
Para ello es indispensable el diálogo, término presente en el título de cada sección de este capítulo: “Hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente, donde es difícil alcanzar consensos. (...) la Iglesia no pretende definir las cuestiones científicas ni sustituir a la política, pero invito a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares o las ideologías no afecten al bien común’’.
Sobre esta base el Papa Francisco no teme formular un juicio severo sobre las dinámicas internacionales recientes: “las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces’’. 
Y se pregunta “¿por qué se quiere mantener hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo?. Son necesarias, como los Pontífices han repetido muchas veces a partir de la Pacem in Terris, formas e instrumentos eficaces de gobernanza global: “necesitamos un acuerdo sobre los regímenes de gobernanza global para toda la gama de los llamados “bienes comunes globales’’, dado que ‘la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente’’.

CAPÍTULO SEXTO – EDUCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD ECOLÓGICA
 (Apostar por otro estilo de vida Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente; La conversión ecológica; Gozo y paz ; El amor civil y político; Los signos sacramentales y el descanso celebrativo; La Trinidad y la relación entre las criaturas; La Reina de todo lo creado; Más allá del sol)
El capítulo final va al núcleo de la conversión ecológica a la que nos invita la Encíclica. 
La raíz de la crisis cultural es profunda y no es fácil rediseñar hábitos y comportamientos. La educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: “todo cambio requiere motivación y un camino educativo’’. Deben involucrarse los ambientes educativos, el primero “la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis’’.
Para leer la encíclia ‘Laudatio si’ completa acuda a: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2015/6/18/laudatosi.htm

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